jueves, 7 de mayo de 2009

Depósito de seres humanos: "Analizalo friamente"

En el barrio San Isidro de Ciudad del Este, esta particular región donde vivo, existe desde hace años un supuesto albergue que se llama "Arbol de Vida". Está ubicado, paradógicamente, sobre las calles "Libertad" y "Solidaridad", pero es en realidad un depósito de seres humanos olvidados por sus parientes, el Estado, la sociedad y por el propio encargado, el pastor evangélico Juan Villa de Hares. Siempre se habló de los atropellos a la dignidad y otros derechos humanos elementales que se cometían en ese oscuro, lúgubre lugar, pero como no hay otro sitio a donde llevar a los adictos a las drogas, enajenados mentales, niños víctimas de la adicción y explotación sexual, desde hacía tiempo todas las instituciones encargadas de controlar su funcionamiento hacían la vista gorda. Sin embargo, ayer, 07 de mayo, luego de escaparse tras cuatro días de encierro, un joven realizó una denuncia formal muy difundida por los medios de comunicación. Se hizo presión y la fiscala de Turno con la asistente social y el médico forense Aníbal Duarte, intevinieron "Arbol de Vida". Están "depositados" en el "hogar" unos diez varones adultos y unas ocho mujeres con problemas, como dije, mentales y de adicción al alcohol pincipalmente. Todos viven juntos, ocupan el mismo patio, las mismas habitaciones que la cocinera, que también vive allí con sus cuatro hijos menores de diez años y los dos hijos del inconciente pastor. Las habitaciones son de madera en su mayoría, con piso de cemento. Allí mismo hay baños malolientos, sin condición higiénica alguna. Cuando llegamos los periodistas detrás de la fiscala, los "internos" estaban almorzando. Más allá del pollo y las salchichas congeladas y otros alimentos que se donan permanentemente a la institución, comían en platos de lata, fideos con escasos pedazos de carne. Dijeron ellos mismos que desayunan y cenan cocido con una galleta. La humedad y el olor a hacinamiento son fuertes. Pero lo más fuerte fue conocer el calabozo. Una habitación de menos de dos metros cuadrados, donde nunca entra el sol, sin baño y con un colchón podrido ubicado en el suelo, donde los "castigados" realizan sus necesidades fisiológicas. Dentro del calabozo, al que llegamos mientras el pastor gritaba de todo porque logramos entrar al recinto pese a sus intentos de evitarlo, se encontraba Oscar Luis, de solo 35 años. Supuestamente es violento y con esa excusa se justifica tenerlo en ese depósito y en esas condiciones. Llorando dijo que no había salido en días, ni siquiera para ir al baño y que solamente le daban agua, nada de alimentos. Otra mujer, Perla, nos contó que había estado en las mismas condiciones durante cuatro días porque, adicta al alcohol, le dijeron que tenía que aguantar unos días de abstinencia. Entretanto, Rubén, de 30 años, nos contó que unos 20 días antes había ingresado por propia voluntad al "hogar" con la intención de rehabilitarse, pero el primer día lo encerraron en el calabozo y al salir le golpearon en el estómago y lo abofetearon. Después, en la misa del mediodía (porque como dije, son evangélicos), los mismos que le golpearon le dijeron que esos golpes fueron propinados por Dios en beneficio de su sanación (hermosa forma de sanar, o no...). Cuando Rubén dijo que quería marcharse, le dijeron que no podía. Le privaron de su LIBERTAD, el derecho más sagrado de todo ser humano. Ah! Para colmo, al ingresar al recinto sus familiares se habían comprometido a pagar al "hogar" mensualmente la suma de G.800.000 para que a Rubén lo cuiden!
En fin, la situación en el lugar es desesperante y como excusa, el pastor decía que el Estado no los apoya y que él no tiene dinero para dar mejor vida a quienes alberga, y bla, bla, bla... En medio de esta escena comencé a conversar con la asistente social, Marta Cuevas, que estaba indignada. Con responsables de la Secretaría de la Niñez, que también estaban preocupados. También hablé con el forense, Aníbal Duarte. Y fue esta conversación la que me impusó a escribir este comentario. Es que él alegaba que a los locos, o sea, enajenados mentales, la sociedad los olvida y se tornan violentos y no hay otra forma de mantenerlos más que en calabozos. Dijo que en todo los neuropsiquiátricos, en Asunción o en Argentina, es igual, que la comida es mala, que los lugares no están en condiciones, que este tipo de sitios hacen falta porque la sociedad no quiere hacerse responsable de la gente que está más loca que otra gente (porque en el fondo todos lo estamos un poco) y me pidió que me despoje de mi rol de periodista y "analice la situación friamente".
Friamente! Y me puse a pensar si debía o no hacerlo, analizar la situación friamente... y realmente creo que no. Soy y seré siempre un ser humano más allá de mi rol de periodista. Y justamente, soy periodista porque soy un ser humano y me gusta tratar con otros seres humanos. Si yo fuera fría, no podría dimensionar en qué condiciones viven estas personas en "Arbol de Vida" ni lo irónico que resulta que éste ubicado sobre las calles "Libertad" y "Solidaridad", cuando quienes allí habitan no tienen libertad ni se practica la solidaridad sino la violencia como método de "recuperación". Si fuera fría, no podría pensar que sí, es correcto que la sociedad esconde a quienes considera un problema (como los enajenados mentales, adictos, niños de la calle, etcétera), pero también es cierto que pensando fríamente consideraría que la solución no está en mis manos, cuando en verdad sí está. Por eso escribo, porque es mi deber denunciar lo que vi, lo que allí sienten esos seres tan humanos como yo. Su deber, Doctor, así como de los de la Secretaría de la Niñez, del Ministerio de Salud y otros entes estatales, es buscar soluciones conjuntas, pero no pueden permitir que porque estas soluciones lleven tiempo, se contínúe torturando a esta gente que, por cierto, no vota en elecciones generales ni municipales y entonces no interesan a los políticos. Finalmente, Doctor: Creo que son mis sentimientos, de ser humano, los que me impulsan diariamente a seguir asumiendo el rol de periodista. Si alguna vez llego a ser capaz de "analizar friamente" lo que ocurre en "Arbol de Vida", le pido que me avise. Ese día, renuncio a ser periodista. Renuncio a ser humana.

1 comentarios:

  1. Son seres humanos! Será que alguna vez ese doctor se puso en el lugar de esas personas? ¿Hasta qué punto deja de tener importancia para él la vida humana? y conste, recordemos, que él como médico, tiene como deber cuidar y salvar vidas. Comparto contigo la ingignación Mariana! Preocupa, desespera y entristece hasta qué punto algunos ignoran el sufrimiento ajeno, olvidan y esconden lo que les molesta antes que hacerse cargo.
    Mari. felicitaciones! Seguí adelante con este espacio donde podemos expresar TODO lo que sentimos como seres humanos!

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