sábado, 13 de junio de 2009

Salud pública: chiste negro, de muy mal gusto

Tres episodios generaron en mí, en estos últimos días tanta rabia e impotencia y me abrieron tanto los ojos, que será imposible ser la misma persona antes y después de lo ocurrido. La esposa de un amigo mío dio a luz a una hermosa bebita, pero la chiquita necesitaba de una unidad de terapia intensiva. En Ciudad del Este simplemente no había, porque por más absurdo que parezca, en salud pública no hay ni una sola sala de terapia intensiva para ellos (los niños no votan). En los hospitales privados el costo es altísimo y hay muy pocas camas. La familia de mi amigo cruzó a Foz de Yguazú y logró que la recién nacida saliera adelante en un servicio semi privado del Brasil, que le salvó la vida.
Paralelamente, un amigo y compañero mío sufrió un accidente de tránsito. Lo llevaron adonde van todos los accidentados sin recursos millonarios ni seguro médico: el Hospital Regional. Estuvo tirado en Urgencias media hora porque los parientes no llegaban a hacerse cargo de los gastos. Después necesitó terapia intensiva. No había una sola cama en salud pública ni en los sanatorios privados, excepto en un nosocomio donde pedían G. 10 millones en efectivo antes de recibir al paciente que a esas alturas, simplemente, se moría! Este hospital privado pertenece a más de tres médicos que trabajan en salud pública. Uno de estos doctores atendía a mi compañero y cada 5 minutos salía al pasillo para gritar que su paciente no podía aguantar más y necesitaba ir a terapia urgente (un negocio?). Finalmente, cinco horas después del accidente, otro paciente falleció en terapia intensiva del mismo Hospital Regional. Eso le salvó la vida a mi amigo: la muerte de otro ser humano con tanto derecho a ser asistido como él. Lógicamente, hubo que comprar todos los medicamentos, pero adquiriéndolos en las farmacias indicadas por los médicos, que no dan recetas cuadruplicadas porque dicen que no tienen (otro negocio?). Mi amigo necesitó cirugías complicadas que dicen que no hacen en salud pública y en total se gastaron, en un hospital privado, más de G. 20 millones en su recuperación que, afortunadamente, fue posible.
Unos días después, me enfermé yo. Tuve una peritonitis aguda de la que aún me estoy recuperando. Como la empresa donde trabajo no había pagado el seguro social obligatorio, no me pudieron asistir en el Instituto de Previsión Social, y para la cirugía debí pagar gran parte de los ahorros.
Parece un chiste negro, de muy mal gusto, pero no lo es. Es la realidad. Es que el sistema de salud pública no funciona en absoluto, para nadie ni para nada, y la salud privada es un lucrativo negocio. En el Hospital Regional no dan abasto a la cantidad de personas sin un peso en el bolsillo y necesidades de asistencia médica urgente que asisten a diario. Los médicos y enfermeros tienen buena voluntad, pero no tienen implementos ni medicamentos y sus salarios son simplemente miserables, como los de cualquier otro, incluido el paciente al que asisten. En las empresas, los patrones descuentan el seguro social pero no lo pagan al Estado, o sea, se roban el 10% del sueldo de sus empleados que a la hora de la verdad, rechazados en el IPS, tienen que hacer magia para recibir atención médica. A todo esto, sanatorios privados se convierten en grandes edificios cobrando lo que les venga en ganas por el servicio.
Mientras todo afecta cotidianamente a miles y miles de ciudadanos, niños, ancianos, adultos, pobres y de clase media, las autoridades se quedan en el bla, bla, bla. La ministra de Salud, Esperanza Martínez, recorrió todo el interior del país para ver lo que ocurría, pero hasta ahora nada cambió. En nada se invirtió para mejorar.
Entretanto, autoridades locales aprovechan para sacar rédito político. Por ejemplo, la intendenta de Ciudad del Este, Sandra Mc Leod de Zacarías, y los concejales, que molestos con los responsables del Hospital Regional, resolvieron dejar de aportar al Consejo de Salud el dinero mensual que por obligación tendrían que entregar (y que nadie sabe dónde está), sin tener en cuenta que quienes sufren no son ni el director del nosocomio ni Fernando Lugo ni Esperanza Martínez, sino el pueblo, que al fin de cuentas, les importa un carajo. Y tampoco les interesa el pueblo a los legisladores, que todos los años aumentan el presupuesto en seguridad y en sus propios viáticos y recortan el escaso dinero asignado a salud y educación.
Eduardo Galeano, en su libro "Las Venas Abiertas de América Latina", decía en su introducción: "incorporadas desde siempre a la constelación del poder imperialista, nuestras clases dominantes no tienen el menor interés en averiguar si el patriotismo podría resultar más rentable que la traición o si la mendicidad es la única forma posible de la política internacional. Se hipoteca la soberanía porque ´no hay otro camino´". Creo que tenemos que ya no podemos permitir que jueguen con las necesidades, con la salud de nuestra gente. Creo que la indignación hay que gritarla, que también hay que gritar la impotencia, que no podemos quedarnos parados mientras miramos y sentimos cómo nos pisan, nos matan, nos dejan morir. Creo que hay que exigir a las patronales que cumplan con su obligación de pagar el seguro social, demandar de las autoridades nacionales y regionales que aporten al mejoramiento de la asistencia médica pública. Es inconcebible que no haya terapia intensiva para niños y que hayan sólo cinco camas para adultos, tanto como es inconcebible que por el otro lado se creen ostentosos macro hospitales privados al servicio de algunos pocos. Suena increíble que hayan autoridades que empleen estas necesidades con fines políticos. Pero también creo que cada cual, desde el lugar que le toca vivir, desempeñarse, puede pegar ese grito y exigir. Creo que depende de nosotros y creo que, insistiendo e insistiendo, se podrá. Te parece? De veras, me interesa tu opinión.

3 comentarios:

  1. De acuerdo total, nos quedamos con la gratuidad pero no hacemos la infraestructura, hay que seguir luchando. Copado el blog, echale una mirada al mío: www.lapaginadeaguara.blogspot.com

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  2. Es la triste realidad, compañera. Lamentablemente, la gran mayoría de los profesionales médicos se convirtió en verdaderos mercenarios de la salud y lucran con ella. Para muchos de ellos, la salud se bajó al plano de una simple mercancía. El lado humano se ha dejado totalmente de lado. En este contexto, si no tenés plata, fuiste.. así de sencillo. Esto se debe a múltiples factores. Uno de ellos, la falta de una política clara de salud pública, que se encuadre dentro de un estado social de derecho.

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  3. La salud no es mercancía!! Creo que muchas personas, especialmente los médicos olvidaron que la salud es un derecho humano. Llegó el momento de refrescarles la memoria y tu comentario contribuye Mariana! muy bueno, refleja la triste realidad .

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