“Cuatrocientos veinte años después de la Bula del Papa Paulo III, en setiembre de 1957, la Corte Suprema de Justicia del Paraguay emitió una circular comunicando a todos los jueces del país que los indios son tan seres humanos como los otros habitantes de la república…Y el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción realizó posteriormente una encuesta reveladora en la capital y en el interior: de cada diez paraguayos, ocho creen que los indios son como animales. En Caaguazú, en el Alto Paraná y en el Chaco, los indios son cazados como fieras, vendidos a precios baratos y explotados en régimen de virtual esclavitud. Sin embargo, casi todos los paraguayos tienen sangre indígena, y el Paraguay no se cansa de componer canciones, poemas y discursos en homenaje al alma guaraní”.
El texto citado más arriba pertenece al libro de Eduardo Galeano “Las Venas Abiertas de América Latina” y fue escrito en Montevideo, Uruguay, a fines de 1970. Relata, entre otras cosas, que en menos de un siglo, los colonizadores asesinaron más de 70 millones de indígenas en toda Latinoamérica, o sea que mataron más que la “terrorífica” gripe H1N1 y el HIV juntos. Y en medio del texto, como una terrible ironía, hace el relato precitado, hablando del Paraguay de entre 1.957 y 1.970.
Pero aún más terrorífico es que se podría trasladar el mismo escrito al 2009 y tendríamos exactamente la misma realidad. Peleamos porque le Rede Globo reconozca que “Lejanía” es una guarania y estamos orgullosos de hablar guaraní y de que nuestra moneda, el guaraní, no se haya ido aún a pique. Sin embargo, no respetamos al guaraní que debe migrar de su comunidad (porque allí no tiene absolutamente ningún futuro) y se encuentra ahí, frente a nosotros, parado en el semáforo, con un calor de 40 grados, pidiéndonos una limosna a través del vidrio del auto, donde nos resguardamos del insoportable clima con el acondicionador de aire encendido.
Y cuando se escucha y se lee que las niñas ava guaraní son víctimas de explotación sexual a cambio de 10.000 guaraníes o un plato de comida. Y los niños indígenas que consumen cola de zapatero para hacer pasar el hambre y reaccionan violentos si no les das unas monedas. A eso no deberíamos calificarlo también de “explotados en régimen de virtual esclavitud”? La “gente” pasa y mira y la reacción es: “pobre anga…”. Pero nadie siente que el daño se lo están haciendo también al paraguayo, que está dejando de lado a la sangre de su sangre, esa que ya manchaba este suelo mucho antes que la otra mitad de nuestra sangre, la española, haya venido a colocarlos el “apellido” e imponernos este nuestro estilo actual de vida.
Los indígenas que migran hacia las ciudades hacen lo que hicieron históricamente, o sea, se dedican al acopio de alimentos, porque la tierra paraguaya era y es tan rica que siempre fue necesario simplemente levantar la mano y coger los frutos.
Pero también los asentamientos indígenas del interior del país tienen serios problemas. Eduardo Galeano dice que en Alto Paraná se cazaban los indígenas como fieras. Pues se fue dando tanto, tanto, que las comunidades quedaron rodeadas de sojales pertenecientes a colonos brasiguayos y paraguayos de clase alta (que aún con su piel morena, morena, creen ser de “alcurnia”). Y aunque los productores lo nieguen, los hechos demuestran que en todos estos años han ido envenenando la tierra a tal punto que quedaron contaminados ríos, arroyos y el mismo suelo, envenenando lentamente a las comunidades indígenas y luego, a las campesinas. Jamás les importó ni les va a importar el vecino a estos “grandes productores”. Simplemente les importa explotar la tierra en monocultivos que los enriquezca sin medir las consecuencias. Total, cuando ya esa tierra no tenga las proteínas y minerales suficientes, cuando ya la hayan matado, migran a otro sitio y ya está.
Y a todo esto, y el Gobierno? Bien, gracias. Durante más de 60 años se dedicó a generar millonarios ingresos para unos pocos avivados, desangrando las arcas del pueblo y dejando en su camino miles de miles de personas sin recursos económicos y sin los conocimientos necesarios para generarlos, porque un pueblo ignorante es más manipulable que un pueblo educado. Y el resultado está a la vista: los pocos asentamientos indígenas que sobreviven al interior del Alto Paraná tienen tierras pero en su mayoría no saben trabajarlas para una producción rentable. Tal es el caso de las comunidades ubicadas en el distritito de Itakyry, dueñas de más de 1.000 hectáreas, donde realmente lo único que falta es una asistencia técnica que les enseñe a producir mejor lo que la naturaleza aporta. Mientras, no se les puede pedir que no talen los árboles, porque el “blanco”, el “rapái” o el “paraguayo”, pagan mejor por el carbón y la madera que por un kilo de lechuga y tomates. Y los niños indígenas, como los demás, tienen hambre y necesidades que generan gastos que no pueden esperar.
Seguimos viviendo en los `70 y seguiremos allí mientras no entendamos que somos sangre indígena. Cuando un niño o adulto guaraní es herido, enferma, muere… muere también una parte de nuestra tierra, una parte de nuestra cultura, una parte de nuestra propia sangre… Así de simple… Así de triste…
La realidad que les toca vivir o más bien enfrentar a los indígenas en nuestro país es más que lamentable. Son vistos como animales, es una cruda verdad y está a la vista... sus derechos humanos son violados todos los días, a cada segundo. Todos somos testigos de la situación en la que se encuentran, pero la pregunta es: ¿qué podemos hacer para que esto cambie? Desde nuestro humilde rol de comunicadores sociales, por supuesto denunciar esta situación y exigir al Gobierno una reacción. Urge que el Estado tome cartas en el asunto, que no es sólo problema de ellos, es un problema que nos afecta a todos!
ResponderSuprimirHace poco tiempo un amigo "gringo" estudiante de sociologia me comento que venia a paraguay para estudiar "in situ" la realidad social, economica y politica que generaron los procesos de los años setenta en latinoamerica, y que para el eran similares a los actuales en paraguay. Tu articulo, todo lo que viene sucediendo en San Pedro, Concepcion y etc. con los paraguayos marginados (indios, sin techo, sin tierra, campesinos, ligas agrarias) y la mencion del libro de Galeano corrobora de cierta manera esta idea. La recordacion del dia de la Declaracion de los Derechos Humanos hoy es mas importante que la del desastroso Dia de la Raza, en algo hemos avanzado, a seguir denunciando y luchando "sin perder jamas la alegria"
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