“Hola…”, respondí temprano, un día, al sonar del celular. “No salió la publicación. No publicaste el tema”, respondió la voz de un conocido abogado y político colorado, alguien con quien fui al colegio y al que ahora le señalo “No, por qué?”. “Y… pensé que ibas a sacar, le extorsionaron a mi cliente. Tenías que sacar. Esos policías le llevaron 7.000 dólares”… Entonces se me ocurre decirle “pero los empleados de tu cliente pasaron igual la droga, verdad? Cuánto crack era que tenían?” “Y 20 kilos. Sí, llevaron a Foz”, me confirma tranquilo. “Y cuánto era que cuesta por kilo?” “Y 1.200 reales por ahí, cada kilo. Vas a publicar, verdad? Porque ese otro medio ya publicó y el tuyo no”, asevera y presiona del otro lado del teléfono.
Me quedé pensando en el diálogo. Se refería a 20 kilos de crack en un auto y dos policías que pararon la carga y a los ocupantes del vehículo, dos “soldados” del “cliente” narco de este abogado. Les sacaron 7.000 dólares a cambio de no detenerlos y los dejaron ir al Brasil con la droga. El caso se había publicado en un medio regional y de inmediato, los dos policías habían sido sumariados por Justicia Policial. Pero esto no satisfacía al denunciante porque estos canas, ciertamente corruptos, no fueron trasladados y entonces podrían seguir exigiendo una tajada del “negocio” de las drogas. Por eso el interés en que un diario nacional, que aún no lo había hecho, publique el caso, que se conozca en Asunción. Entonces la presión sería mayor y el poder de este clan del abogado y su “cliente” también aumentaría.
Y, qué coincidencia!, Era el mismo grupo de narcos que unos cuatro meses antes había hecho una denuncia similar, excepto que en aquella oportunidad se afirmaba que los policías se habían quedado, además del dinero, con la cocaína. 20 kilos. Pero aquella vez la presión de los medios surtió el efecto que esperaban y, sin más, se desmanteló toda la oficina de Narcóticos de la Policía. Sólo quedó el perro y su entrenador. Conveniente para el clan de este narcotraficante, verdad?
Este tipo de cosas pasan todos los días. Hay en Ciudad del Este y la Triple Frontera, al igual que en Pedro Juan Caballero y otros puntos del país, una interesante cantidad de zares del narcotráfico que “trabajan” con cocaína, crack y marihuana a mayor y menor escala. Para ello tienen que cuidarse de mantener un “status quo” y entonces sus “ganancias” tienen que ser “compartidas” con aquellos que deberían combatir su existencia, esto es, por ejemplo, los integrantes de la Policía Nacional. Pero a veces, estos “agentes” se pasan de la raya y entonces, como “ovejas”, “víctimas” del sistema policial corrupto (que ciertamente lo es) se presentan ante la sociedad a denunciar que fueron extorsionados. Y ahí entramos los periodistas.
No digo que no debe denunciarse la corrupción imperante en filas policiales, no digo que porque se trate de un narcotraficante el hecho fuera una falacia. Pero la pregunta es: cómo redactamos el material? Qué decimos que pasó? A quiénes perjudicamos o beneficiamos con esa redacción? Y… cuánto podemos contar sin arriesgar nuestras propias vidas? Por qué aceptar la presión de un clan de narcos para publicar lo que quieren ellos, porque ellos así lo desean y lo demandan?
Y esto me recuerda mucho al caso de México. Decenas de periodistas fueron asesinados en los últimos años por haber escrito lo que no convenía, por haber estado en el lugar equivocado, por haber tomado una fotografía, por haber publicado o haber callado. Y cómo comenzaron los narcos a ejercer presión en los medios? Justamente, llamando por teléfono a las redacciones, pasando información contra el clan contrario y contra aquellos que les molestaban en su “trabajo”, ofreciendo dinero y amenazando al que no lo aceptaba. Así comenzaron…
Me parece que estamos comenzando a vivir esa misma realidad y no nos estamos dando cuenta lo grave de la situación. Entiendo que no nos animemos a hablar demasiado, al final, la vida de nuestras familias se pondrían en juego y los dueños de los diarios no vendrían a custodiarnos personalmente ni nos alzarían los salarios por ello… pero algo, alguna cosa, tenemos que hacer, y no sólo periodistas, sino funcionarios públicos, integrantes de la “administración” de “Justicia”, fiscales, jueces, policías, sociedad toda. Si seguimos así, reunimos todas las características para convertirnos en la próxima “Sinaloa”… Y entonces, habrá sido demasiado tarde para reaccionar…
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